La Técnica alexander en la Oficina
Todos sabemos, bien por experiencia propia o bien ajena, que las prisas, la falta de concentración y el nerviosismo pueden dar al traste con el mejor negocio.
Muchas veces se nos "escapa" un cliente por falta de serenidad o paciencia. Esta falta de control sobre nosotros mismos nos limita -cuando no nos bloquea- a la hora de exponer nuestros planes delante de posibles nuevos clientes. Clientes a los que paradójicamente deberíamos generar confianza. Este bloqueo personal reduce las posibilidades de éxito.
Es primordial conservar la calma y tener confianza en uno mismo para poder actuar en un momento dado con decisión y efectividad.
Nuestra actitud tanto mental como corporal es fundamental para este propósito: nunca confiaríamos en alguien que estuviera excesivamente nervioso, "ávido de convencer", tartamudeante o sin aplomo, falto de confianza en sí mismo o sin serenidad interior. En unos estudios realizados en Estados Unidos (Present Yourself, Michael Gelb, 1989) se demuestra que el impacto de un conferenciante sobre la audiencia es: 75 % Presencia, 18 % Voz, 7 % Contenido de la conferencia.
Estos datos -sin duda sorprendentes- nos deberían hacer reflexionar sobre la enorme importancia de nuestra presencia y de cómo ésta influye en las personas con las que tratamos. Ya no sólo en cuanto al hecho de vestir correctamente -cosa que se soluciona con un buen sastre-, sino con una actitud corporal y mental adecuada. Si estamos encogidos de hombros, o tenemos la espalda excesivamente arqueada, la voz no sale fluida o estamos demasiado tensos, o nerviosos difícilmente generaremos la confianza necesaria para ser ni tan siquiera escuchados.
La Técnica Alexander aborda estos problemas de una manera efectiva y práctica. Nos enseña a centrar la atención en nosotros mismos y nos permite tener un control fluido y dinámico sobre nuestro cuerpo y mente. Nos demuestra que podemos cambiar y que podemos deshacernos de esos hábitos contraproducentes que frenan nuestra evolución -tanto personal como profesional- y que nos generan tensión y malestar.
Hace ya cien años que la implantó Frederik Mathias Alexander (1869-1956) en Inglaterra y hoy son numerosísimos los colectivos que la practican con éxito: artistas que necesitan controlar su cuerpo para realizar su actividad profesional u hombres de negocios o políticos que requieren poseer una presencia tranquila y sosegada además de una elegancia exquisita delante de oyentes exigentes.
También acuden a las clases personas que padecen malestar físico o emocional a causa de esa sobretensión, como gente con dolores de espalda o cuello, personas con tics nerviosos o tartamudez y gente que se recupera de intervenciones quirúrgicas. Otras la usan como complemento a la psicoterapia. Muchos alumnos la practican simplemente para tener un porte más elegante o sentirse mejor consigo mismos.
Es un trabajo de autoobservación, sutil y milimétrico que nos permite iniciar ese cambio necesario hacia el control y bienestar personal y nos proporciona las armas necesarias para enfrentarnos a los retos que nos impone la vida. Nos descubre un terreno desconocido y cercano a la vez, quizás el más interesante: nosotros mismos. Cuando seamos capaces de liberar las tensiones que encarcelan nuestra mente y nuestro cuerpo, entonces, ya sin temor, ya sin ansiedad, el camino será más fácil.
Autor: Xavier Ortíz
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