El Tango en Rosario

"El Flaco" Orlando Paiva junto a Miranda Garrison. La coréografa le arma la agenda de clases con famosos. Le enseñó a bailar tango a figuras como Jane Fonda, Madonna y Sean Penn. Juan Carlos Copes lo considera sin dudar el mejor bailarín del mundo. Robert Duvall dice que es su gran maestro y mejor amigo, tanto así, que junto al mismísimo Francis Ford Coppola lo eligieron para participar del proyecto Assasination tango, una película escrita y dirigida por Duvall que cuenta las alternativas que vive un asesino a sueldo que llega a la Argentina en una misión y se ve involucrado con una mujer que lo sumerge en el apasionante y sensual mundo del tango. Trabajó con Tita Merello, Julio Sosa, Edmundo Rivero y Miguel Montero y realizó giras con las orquestas de Osvaldo Pugliese, Jorge Caldara, José Basso y Leopoldo Federico. A pesar de todo eso el hombre vive en Rosario, en pleno barrio Echesortu, y el que tiene paciencia de vez en cuando lo puede ver variando cerca de la plaza Buratovich, a bordo de un viejo sulqui. Es el maestro Orlando Paiva, un artista "de acá", que divide su agenda anual entre los Estados Unidos, Japón, y su Rosario natal. Dueño de un estilo con sello propio --más pausado y apoyado en la pareja, según la definición de los expertos--, estilo que comenzó a moldearse a los 16 años, cuando bailaba entre cuatro y cinco horas por día, "El Flaco" Paiva es sin duda uno de esos mitos vivientes al que, como tantos otros, todavía le cuesta ser profeta en su tierra. Creador de una de las primeras academias del tango en Rosario, fue el primero en enseñar el baile en Japón. Desde su casa-estudio de Servando Bayo al 900, con la calidez y la humildad de los grandes, el maestro se avino a contestar a las preguntas de Rosario/12. --En una entrevista le preguntaron a Juan Carlos Copes quién era el mejor bailarín de tango y él contestó sin dudarlo: "El Flaco Paiva", ¿se hace cargo del halago o le devuelve la atención? --Se lo devuelvo, porque no me corresponde a mí asegurar semejante cosa. --¿Pero es conciente de que, a lo sumo, el título queda entre ustedes dos? --(Risas) Ahí sí, puede ser. Pero ahora hay muchos bailarines de las nuevas generaciones que son muy buenos y prometen. --¿Por qué cree que pasa esto? ¿piensa que, a diferencia de la danza clásica, que retira a sus bailarines muy jóvenes, el tango los madura, como los buenos vinos? --(Risas) Sí, algo así; digamos que en el tango, a medida que pasan los años, se aprende más, y eso contribuye a la creación de un estilo propio, algo muy buscado en este baile. A diferencia de otros géneros, en el tango la edad no es para nada un factor determinante, por eso, en los cursos que doy, los grupos están divididos por capacidades y experiencia, no por edades. --¿Reconoce algún referente, algún maestro dentro del tango? --No, maestros no tuve. Aprendí solito, mirando nomás. Eso sí, había algunos bailarines que me gustaban más que otros; Virulazo, el propio Copes... --¿Y de Rosario? --También. Allá por la década del 50, acá había gente muy valiosa, quizá no tan famosa, pero muy importante igual; gente como Alberto Donaire, al que le decían "El Cachafaz Rosarino", o Juan Bejarán, o "El Gringo" Pello, todos excelentes bailarines. --¿Cómo definiría su estilo? --Nooooo... no podría definirlo. Empecé tan jovencito --a los 10 años--, que casi ni me acuerdo. Me parece que eso es algo que se va aprendiendo; uno va puliendo de a poco lo que le parece que sale mejor y de ahí va saliendo un estilo. Es algo que se va dando solo. Pero es que el tango es una danza tan distinta a las demás, porque aquí no hay coreografías prefijadas, sino que los bailarines las van creando a medida que aprenden, inventando figuras nuevas. El tango es una danza interminable, por eso es tan, tan apasionante.

(Fuente:Reportaje a Orlando Paiva en Rosario/12)

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